Casa P. Milton Wright Peres

Carlos Francisco Melo 1243, B1638 CII, Provincia de Buenos Aires, Argentina

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Ficha técnica

Obra:

Arquitecto/a

Año Proyecto: 

Tipología:

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Municipio:

Localidad:

Distrito:

Concurso: 

Casa P. Milton Wright Peres

Arqs. Goldman Mario, Ramos Horacio, Erbin Jorge

1963

Vivienda Individual

Estruc. Osvaldo Espina, Constr. Julio Jose Eisler

Vicente Lopez

Vicente Lopez

IV

Memoria

La casa Wright está en Olivos, en un barrio de viviendas unifamiliares ubicadas en parcelas cuya dimensión promedio es de 500 metros cuadrados.
Este parcelamiento se hizo a expensas de predios de dimensiones mayores, muy bien arbolados, donde se levantaban viviendas que, con su presencia, dieron prestigio al barrio. Prestigio que se afirmaba sobre el carácter de suburbio jardín, que solo era buscado por los residentes extranjeros o por la clase más pudiente cuando aún la vida en la ciudad era requerida y aceptada por toda la clase media. Cuando la ciudad comenzó a deteriorarse, cuando los síntomas de mal funcionamiento se hicieron cada vez más frecuentes, la clase media ascendente se trasladó a los suburbios arbolados y muchas veces, como en este caso, la afluencia de nuevos pobladores significó la liquidación definitiva del carácter jardín-suburbano que fue el motivo de la atracción.
Actualmente, las grandes viviendas aisladas que aún se conservan y las pequeñas viviendas apareadas en orden cerrado, están a su vez amenazadas por las viviendas colectivas que comienzan a ser cada vez más frecuentes, sobre todo sobre las grandes vías de acceso a la Capital Federal.
Este fenómeno revela el cambio que se ha producido en la estructura socioeconómica de la Capital y la variación de los tipos de alojamiento de la familia porteña. La arquitectura que ha seguido estos cambios parecería haber dado su respuesta yendo de la gran vivienda unifamiliar al pequeño departamento apiñado en la vivienda colectiva. Sin embargo, en este caso, el cambio no es el resultado de una propuesta arquitectónica, sitio de una situación extra-arquitectónica, ante cuya existencia la arquitectura optó por las soluciones más fáciles y convencionales. Ante las inevitables y casi siempre duras relaciones arquitectura-medio el conformismo optó por satisfacer la necesidad de suburbio-jardín con chalets, variaciones de modelos anglosajones de techo a dos aguas con detalles más o menos ingleses que poco a poco se fueron confundiendo con lo que en su momento se llamó "estilo californiano". Esta mezcla resultó en una pequeña casa con jardín al frente (muy pequeño) y al fondo; contrapunteo, como solución suburbana, al urbano petit hotel francés.
Por último, aparecieron los nuevos edificios de departamentos vendidos según el régimen de propiedad horizontal, los que, aunque parecían aceptar los principios lecorbusieranos de edificación colectiva y en altura, no solo se produjeron con absoluto desconocimiento de la teoría del maestro, sino que su excesiva preocupación por el lucro borró toda esperanza de que pudieran constituir una positiva expresión de la arquitectura moderna.
Destacándose entre los chalecitos, hubo, sin embargo, verdaderas propuestas de la arquitectura contemporánea que fueron realizadas en las décadas del 30 al 50 y que llevan el signo distintivo del racionalismo geométrico europeo. La casa Wright es una continuadora de ese impulso y, comprendiendo esa continuidad y las circunstancias que la rodean, podremos entender mejor la obra.

"Es la vivienda donde se proponen de manera más profunda las relaciones entre las manifestaciones culturales de una civilización, las estructuras sociales y los modos de pensar que le son propios.
Estudiar el hábitat desde este punto de vista es observar la imagen de la sociedad inscripta en el suelo. Estudiar la planta de una vivienda es estudiar las relaciones entre la vida de una familia y el marco que ella ha podido darse o que la sociedad le ha impuesto".
No es el propósito de este articulo examinar en profundidad los aspectos sociológicos de la vivienda en Olivos o de la casa Wright en particular, pero queremos destacar que aceptamos como hipótesis de trabajo la influencia del todo cultural sobre la obra arquitectónica, lo que establece límites, inevitables y naturales, a los propósitos del arquitecto.
Para desarrollar la crítica de la casa Wright debemos reconocer esta situación previa que ha sido impuesta por la situación general a pesar de los deseos de los habitantes y de las propuestas de la arquitectura más sana. Las principales condiciones dadas podrían resumirse así: el lote estrecho y profundo; el carácter formalmente urbano del barrio, pero realmente muy poco propicio para el desarrollo de estructuras sociales urbanas, comunitarias; el presupuesto de la construcción.
La vivienda estaba entonces predeterminada a cerrarse sobre sí misma, a olvidar a la calle y el escalón vecinal inmediato. La casa Wright se organiza según esta predeterminación y muestra sobre la calle sus formas más volumétricas, acentuadas por el marcado desnivel entre la planta baja y la calzada. Esta actitud no significa un descuido hacia el paisaje urbano inmediato; por el contrario, la composición plástica fuerte enriquece a la cuadra; pero funcionalmente la vivienda no puede menos que prescindir de la calle como elemento de apoyo para el interior.
Es en ese interior donde se consiguen los mejores arreglos arquitectónicos. Al experimentar la casa entramos desde la calle, subiendo por una escalera lateral hasta enfrentar, desde una terraza anterior, la puerta principal. Una vez atravesada esta fuerte barrera, comenzamos a vivir el espacio interior, en el que se han concentrado todos los esfuerzos y donde se dan los mejores aciertos. Este ámbito interno tiene, en la mitad de su superficie, doble altura y está cubierto por una bóveda de ladrillos de máquina vistos.
La bóveda, con su forma de mano protectora es particularmente englobante y se siente distintamente como el techo, como la cubierta total del espacio. En medio de éste y en la zona de doble altura, se enrosca la escalera que lleva al piso alto, diseñada con características casi escultóricas y cuyas volumétricas formas curvas son el centro de la composición espacial interna.
La bóveda que unifica la cobertura, la escalera que recorre el espacio, exaltan la continuidad espacial que es la característica de esta elaboración interior, en la que no existen límites que encajonen cada zona particular y donde todo se siente inmerso dentro del gran ámbito limitado por el piso, las paredes exteriores y la bóveda. Y esta calidad de forma englobante y espacialmente continua acentúa acertadamente el carácter de introversión de la vivienda, sólo suavizado por las aberturas que permiten la visión del jardín.
Con esta composición, la obra se coloca en lo mejor de la tradición racional europea, Particularmente la que es propia de Le Corbusier. Frente a esta fuerte presencia del espacio total, algunos detalles se debilitan, por imprecisión y falta de dimensión: los vidrios coloreados y el tratamiento general de la carpintería; los que aparecen como demasiado casuales dentro de una formulación espacial tan clara y definida.

La organización de la vivienda se basa en la distribución en planta baja de los lugares de trabajo, de encuentro y de reunión familiar. En el piso alto, que se abre en balcón sobre la planta baja, re ubican los lugares de recogimiento y descanso.
Siendo la solución formal excelente, el funcionamiento familiar que esta vivienda propone sólo puede ponderarse conociendo el funcionamiento de la familia que ha de habitarla puesto que para una organización familiar habitual la sobre-comunicación impuesta por el diseño puede resultar en una falla de aislación (sonora, luminosa y psicológica) intolerable. Para que la familia se desarrolle normalmente en este continuo espacial es necesario que se trate de un núcleo familiar que admita esta situación y la aproveche positivamente, tal corno es el caso de la actual familia propietaria.
Los programas y las necesidades actuales de vivienda colectiva hacen que estas situaciones sean cada vez más excepcionales, La vivienda a medida está siendo reemplazada por la vivienda planeada para el cliente anónimo, cuya imagen surge de las encuestas y de los estudios sociológicos. Sin embargo, largos años de habituamiento al diseño especial para un cliente conocido y consultado dificultan el abordamiento correcto del cambio que supone proyectar para un cliente desconocido, al que se le ofrece, por una parte y en el mejor de los casos, viviendas pensadas para una familia imaginada por el arquitecto a partir de datos y experiencias las más de las veces excesivamente personales; y, por otra parte (este es el caso más frecuente), viviendas tan poco previstas para ninguna familia, de cualquier tipo que sea, que difícilmente se puedan denominar tales.
La casa Wright, ha de soportar la prueba de fuego con el pasar de los años, cuando la joven familia actual, de funcionamiento relativamente simple, se desarrolle y viva los espacios pensados para ella. La arquitectura ha de probar si su excelencia espacial, fruto de un manejo experto del paisaje interior, es también excelencia funcional, es decir, si logra trabajar como ámbito de una vida familiar compleja.
Rafael Iglesia

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